BUENOS AIRES.- No había mal clima, ni desperfectos técnicos, ni ningún otro indicio que pudiera anticipar el terrible accidente. Por eso, todavía nadie puede explicar la tragedia aérea de Río Negro. Ni siquiera los peritos, que podrían demorar tres meses en dilucidar qué pasó.

¿Qué pasó? Esas deben ser las palabras que más golpean en la cabeza de Daniel Sloper, el hombre de 46 años que perdió en el vuelo 5.428 de Sol Líneas Aéreas, a su esposa, Carina Soledad Mansilla, de 20, y a su hijo, de 10 meses.

La última vez que Sloper escuchó la voz de su esposa fue a las 20 del miércoles, cuando le dijo que ella y el pequeño "Benja" estaban bien y a punto de subir al avión. Sloper calculó el tiempo, subió a su auto y fue al aeropuerto de Comodoro Rivadavia a esperarlos. Las noticias que se escuchaban en la radio no eran para nada alentadoras.

A las 2.26 de ayer, las autoridades aeronáuticas les comunicaron a Sloper y a otras 21 familias lo que ya sospechaban: no habían quedado sobrevivientes del Saab 340 que había despegado a las 20.08 desde Neuquén con destino a Comodoro Rivadavia.

El último contacto

Unos 50 minutos después del despegue se estableció el último contacto con el piloto, Juan Raffo. Él advirtió que estaba en emergencia, presuntamente por acumulación de hielo en las alas, aunque las autoridades aeronáuticas aún no comunicaron oficialmente las posibles causas. Apenas recibió la alerta, la Autoridad Nacional de Aviación Civil (ANAC) dispuso la búsqueda de la aeronave, y alrededor de las 23.30 del miércoles, la encontraron en el paraje de Prahuaniyeu, 35 kilómetros al sur de Los Menucos, en la meseta patagónica de Río Negro. "Por respeto a los familiares de las víctimas, prefiero no describir lo que he visto. No pudimos hacer nada", contó, consternado, el médico Renato Gazzaniga.

Las imágenes mostraron que el avión quedó reducido a pequeños escombros incinerados, esparcidos por la estepa. "Encontramos todo en pedazos, destrozado y quemado. Un vecino vio una explosión, una bola de fuego en el aire", agregó director del hospital de Los Menucos.

El reconocimiento

Al cierre de esta edición, los cuerpos de los 19 pasajeros, del pilo, del copiloto y de la azafata que volaban en el avión estaban siendo trasladados por los Bomberos y la Policía Aeroportuaria a Bariloche. Desde allí, las víctimas serán llevadas a Buenos Aires, donde se realizará el reconocimiento en la morgue judicial, según fue la orden del juez Leónidas Moldes.

Las personas que murieron en la tragedia aérea del vuelo 5.428 residían, en su mayoría, en Chubut, Neuquén y Mendoza. A excepción de unas pocas, todas viajaban por razones laborales. Mansilla, por ejemplo, había viajado a visitar a una amiga de Neuquén y decidió volverse en avión porque el pequeño estaba enfermo, aunque nunca estuvo muy convencida.

Sloper, quien fue subsecretario de Gobierno de Santa Cruz, tuvo que ser disuadido por la Policía para no viajar en su auto los 900 kilómetros que lo separaban del lugar del hecho y de su familia. "Ella no iba a volar; no iba a volar", repetía. (Télam-DyN-DPA-Especial)